Aqui tenemos una tarea del modulo 1
Mi Confrontación con la Docencia
Todos los días me siento animada para irme a trabajar a CONALEP, siento una responsabilidad muy grande porque considero que mi materia es muy importante y necesaria para que mis alumnos sean competentes en la vida. Necesito enseñar bien para que mis educandos logren su aprendizaje y la verdad me esfuerzo pero a la mayoría de ellos se les dificulta el idioma inglés. Y luego pues el programa de “Comunicación Activa en el Inglés” es muy extenso y el semestre está por terminarse. Otra vez me va a quedar pendiente una Unidad sin impartir y los alumnos se quejan de que les dejo mucha tarea, pero en realidad los temas que vienen en el libro son los mismos del programa y por eso me guio con él. Y el problema de los muchachos es que ellos copian las tareas, muchas veces me doy cuenta de eso, y les hago ver que solo ellos se están haciendo daño ya que son ellos quienes deben aprender, pero ellos solo quieren cumplir pues si no lo hacen no les cuentan los puntos de las tareas.
Trato de llevar todos mis grupos en los mismo temas, pero claro hay veces que no se puede, porque por ejemplo los electromecánicos les gusta faltar, mientras que los administradores y contadores son mas cumplidos.
El idioma inglés tiene mucha gramática y me doy cuenta que mis alumnos se les olvida muy fácilmente las reglas que ya hemos estudiado, y eso que por lo general se dan ejemplos antes de que ellos hagan por si solo los ejercicios gramaticales.
El modelo académico anterior nos daba una pronunciación americanizada pero esta reforma se enfoca en una pronunciación inglesa, así que hasta a mí se me ha dificultado entender al 100% lo que dicen los ejercicios auditivos.
Yo no nací maestra, estudié para secretaria bilingüe en Nogales, Arizona y como tal me desempeñé en la industria maquiladora, pero probé la enseñanza desde 1997 y me gustó, solo que no he podido abarcar la principal expectativa: que mis alumnos hablen inglés de tal manera que puedan sostener una conversación de manera espontanea.
En un principio hasta me daba miedo enfrentarme al aula, pero el inglés siempre me ha gustado, así que esto me ayudó mucho a enfrentar los retos que conlleva el acto de transmitir la enseñanza.
Tengo 51 años de edad y apenas en el 2008 terminé la Licenciatura en educación. Anteriormente solo era una profesional técnica. Yo estudié Educación para encontrar mayores herramientas y estrategias para ser mejor maestra de inglés. Me hubiera gustado estudiar una Licenciatura en la Enseñanza del Inglés, pero aquí en Nogales no tenemos esta carrera, así que opte por la otra. Hoy siento mayor seguridad en el desempeño de mis labores, pero sigo adoleciendo de un buen resultado o producto con mis estudiantes.
Aparte los grupos que manejamos son muy numerosos, se presta más a indisciplina, si al alumno no le gusta aprender inglés pues no le va entrar a la fuerza y aparte va a encontrar muchos distractores.
Con la otra materia que imparto “Desarrollo Ciudadano” me siento más satisfecha, hasta me sobra tiempo, vemos los temas de manera profunda y a los estudiantes les gusta, así debería ser para también con los otros grupos a quienes les imparto la materia de inglés.
martes, 11 de mayo de 2010
La aventura de ser maestro
He aqui uno de los primeros recursos utilizados en modulo 1
La aventura de ser maestro
José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
La aventura de ser maestro
José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
domingo, 9 de mayo de 2010
Los saberes de mis estudiantes
Atendiendo las instrucciones de mi tutor he terminado de crear mi propio blog, quiero decirles que me ha llevado como dos horas ya que tuve que escuchar varias veces el tutorial y mi computadora me decia que las cookies no estaban habilitadas y que el java scrip tambien habia que modificar. Bueno despues de varios intentos he logrado entrar. No queria esperar a mañana pues es 10 de mayo y no tengo clases, asì que nadie me iba a ayudar de mis alumnos, y asi d esta manera tuve que hacerlo solita. Y ademàs mañana no voy a entrar al curso, soy mamà y pienso descansar por lo menos de este curso y de todo lo que sea estudiar.
Anexo el documento de los saberes de mis estudiantes, bueno no se donde se puede anexar el documento, no veo nada de examinar. Solo veo la fuente de las letras, aunque no me gusta hacer eso.
Como no veo donde se puede anexar el documento voy a tener que copiarlo y pegarlo. Ahi va:
LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES
El viernes pasado pude descubrir lo que muchos de mis estudiantes hacen por medio del internet, confirmé que todos lo utilizan para hacer sus tareas, escuchar música, subir fotos y compartirlas, chatear, ver películas, bajar tonos de celular, etcétera, sin embargo, al igual que yo no conocen los términos, web1.0 ni 2.0, pero eso si, todos tienen correo electrónico, aunque son contados los que tienen equipo de computo en su propia casa.
En vista de que la mayoría de mis estudiantes ya saben utilizar las nuevas tecnologías, he decidió emplear estos conocimientos para integrarlos a nuestro propio curriculum e incorporar en el mismo ejercicios de paginas web para que de esta manera puedan trabajar manejando aún más la red virtual que parece que les place mas.
En cada grupo son de cuatro a cinco alumnos quienes mejor manejan las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y son esos estudiantes quienes me ayudaran a enseñar a los demás que menos saben. Tomaremos una hora cada semana de nuestras clases para dirigirnos al centro de cómputo y cada uno de mis brillantes estudiantes formará su propio equipo para irlo adiestrando en el uso correcto de las nuevas tecnologías. El único inconveniente sería que si ya esta lleno la sala de computación pues no podremos entrar todos y tendré que dejar uno o dos equipos aprendiendo las TIC y el resto del grupo se irá de nuevo a nuestra aula común.
Anexo el documento de los saberes de mis estudiantes, bueno no se donde se puede anexar el documento, no veo nada de examinar. Solo veo la fuente de las letras, aunque no me gusta hacer eso.
Como no veo donde se puede anexar el documento voy a tener que copiarlo y pegarlo. Ahi va:
LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES
El viernes pasado pude descubrir lo que muchos de mis estudiantes hacen por medio del internet, confirmé que todos lo utilizan para hacer sus tareas, escuchar música, subir fotos y compartirlas, chatear, ver películas, bajar tonos de celular, etcétera, sin embargo, al igual que yo no conocen los términos, web1.0 ni 2.0, pero eso si, todos tienen correo electrónico, aunque son contados los que tienen equipo de computo en su propia casa.
En vista de que la mayoría de mis estudiantes ya saben utilizar las nuevas tecnologías, he decidió emplear estos conocimientos para integrarlos a nuestro propio curriculum e incorporar en el mismo ejercicios de paginas web para que de esta manera puedan trabajar manejando aún más la red virtual que parece que les place mas.
En cada grupo son de cuatro a cinco alumnos quienes mejor manejan las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y son esos estudiantes quienes me ayudaran a enseñar a los demás que menos saben. Tomaremos una hora cada semana de nuestras clases para dirigirnos al centro de cómputo y cada uno de mis brillantes estudiantes formará su propio equipo para irlo adiestrando en el uso correcto de las nuevas tecnologías. El único inconveniente sería que si ya esta lleno la sala de computación pues no podremos entrar todos y tendré que dejar uno o dos equipos aprendiendo las TIC y el resto del grupo se irá de nuevo a nuestra aula común.
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